Flauta de hueso del Paleolítico de la cueva de Isturitz, expuesta en un museo

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Genética antigua

Una mujer de Isturitz deja un genoma que muestra intercambio entre el este y el oeste

Un genoma de hace 30.000 años del suroeste de Francia, más ADN de sedimentos de cuevas, indica flujo genético entre poblaciones gravetienses lejanas.

Qué pasó

  • El 23 de octubre de 2026, Science Advances publicó un estudio encabezado por la Universidad de Viena, con Pere Gelabert como primer autor y Ron Pinhasi como autor sénior.
  • Reúne datos genómicos de restos humanos poco frecuentes con ADN humano conservado en sedimentos de cuevas. Los restos son de la cultura gravetiense, extendida en Europa hace unos 34.000 a 25.000 años.
  • Una mujer de la cueva de Isturitz, en el suroeste de Francia, vivió hace unos 30.000 años y aportó datos genómicos que, según el estudio, superan en antigüedad a todos los previos de un humano moderno del suroeste de Europa.
  • Su ascendencia era sobre todo del linaje de Europa occidental, pero también tenía rastros de poblaciones de Europa central y oriental. El modelo fecha ese flujo genético hace 32.500 a 31.500 años.

Por qué importa

  • Los datos genéticos anteriores sugerían grupos estables de ascendencia oriental y occidental. El nuevo hallazgo muestra que no estaban tan aislados.
  • En la cueva de El Mirón, en Cantabria, recuperaron ADN humano nuclear de un estrato de 22.000 años sin huesos ni dientes, lo que apoya a la península ibérica como refugio en la glaciación.
  • En el sur de Italia, el feto Ostuni1b, probablemente hijo de la mujer Ostuni1, tenía padres sin parentesco cercano, lo que sugiere prácticas para evitar la endogamia.

El dato

30.000 años. Antigüedad aproximada del genoma de la mujer de Isturitz, la mayor registrada hasta ahora para un humano moderno del suroeste de Europa.

Contexto

Los investigadores analizaron datos nuevos y publicados junto con ADN de sedimentos. También hallaron continuidad de largo plazo en el suroeste europeo: datos de la cueva de Chufín, en el norte de España, indican que la ascendencia occidental persistió durante miles de años. Otra señal parecida de flujo oriental apareció en un individuo ya estudiado de Ormesson, en Francia. La nota se basa en el relato de Phys.org del comunicado de la Universidad de Viena; no se leyó el artículo completo.

Qué viene

  • El equipo combinará ADN de sedimentos con análisis de proteínas para estudiar las primeras expansiones de humanos modernos por Europa.
  • También investigarán sus interacciones con carnívoros donde casi no quedan restos orgánicos.

Cierre

El pasado humano se reconstruye con restos mínimos: proteínas ubican como denisovanos dos fósiles de Xujiayao y le dan rostro al linaje y el ADN de museos sitúa en el Caribe el origen de las lechuzas de campanario. En genética actual, tener más células con dos cromosomas X atenúa el Turner en el cerebro de niñas, y ARN de transferencia modificados reparan el gen p53 en ratones.

Fuentes

  • Phys.org — Paleolithic human DNA reveals east-west exchange across Europe (23 de octubre de 2026; comunicado de la Universidad de Viena)
  • Estudio: Gelabert et al., «Early Gravettian genomic data from Western Europe reveal population movements before the LGM», Science Advances, DOI 10.1126/sciadv.aeh6128 (23 de octubre de 2026 según Crossref; el texto del artículo no se leyó)
  • Imagen de portada: Marie-Lan Taÿ Pamart, Public domain, vía Wikimedia Commons

Editado por Rodrigo Cornejo. Quiénes escriben las notas

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